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El día ha amanecido nublado, pero no llueve. La verdad creo que me gustaría que lo hiciese, la lluvia me relaja y me gusta tenerla de banda sonora mientras mis dedos fluyen por el teclado. Debo comenzar pidiendo perdón, la semana pasada os deje sin vuestra dosis de cafeína semanal. Al igual que en los armarios de vuestras cocinas, a mí también se me agota el café y no me da tiempo a ir al supermercado a reponerlo.

En estas semanas, aparte de vivir en el laboratorio y ojear decenas de páginas de apuntes, también he tenido tiempo de leer y disfrutar de unos ratitos de felicidad con amigos a los que hacía tiempo no tenía la suerte de ver. Un brindis por la felicidad compartida.

Hace tiempo en uno de los libros, que tanto me gusta leer, descubrí una fantástica reflexión e idea acerca de la sinceridad, y quedé tan fascinada con ella que decidí ponerla en práctica y buscar mi archipiélago de sinceridad. Claro, puede que esto os suene un poco a chino, pero tras leerlo me comprenderéis un poquito más.

“Pero no era una promesa creada para mí, era la promesa que hacía con la gente importante que formaba parte de su vida o que se daba cuenta que la formaría en un futuro próximo…

-Jamás nos mentiremos…-me dijo mientras yo estaba a punto de abandonar este mundo en forma de sueño- Escúchame bien, eso implica algo más que ser sincero…En este mundo mucha gente es falsa…Las mentiras te rodean, saber que existe un archipiélago de personas que siempre te dirán la verdad vale mucho…Quiero que formes parte de mi archipiélago de sinceridad…

Así lo llamaba “su archipiélago de sinceridad”. No conocí a más de aquellas pequeñas islas con forma de personas que siempre le decían la verdad, pero no tuve duda, quise formar parte de ello.

Cumplí siempre la promesa con ella. Siempre le fui sincero en todo… Y eso, tenía razón, era más que decir la verdad… Era hacer equipo, saber que siempre estarás allí, significa ser tierra firme para el otro. Piedras que podrás saltar de un brinco sin miedo a caer al agua…

Y ella también lo fue conmigo. Os juro que saber que puedes confiar en la otra persona, que nunca te mentirá, que siempre te dirá la verdad cuando se lo pidas, no tiene precio… Te hace sentir fuerte, muy poderoso…”

Basta una sola mentira para poner en duda mil verdades Las mentiras de jarabe amargan, no nos engañemos. Sabéis a lo que me refiero, esas verdades a medias que se sueltan para no provocar heridas más profundas de la cuenta. La sinceridad duele, escuece e, incluso, pica. Pero esta sensación pasa rápido y una vez curada la herida, la cicatriz solo es marca de fuerza y de superación. ¿Os animáis a buscar vuestro archipiélago de sinceridad, a esas personas con las que siempre podéis contar?

No me enrollo más y os dejo un nuevo look, en esta ocasión la prenda estrella son estos pantalones plateados. Teniendo en cuenta mi pasión por los brillos y que se trata de uno de los colores de la temporada ya estaban tardando en incorporarse a mi armario. En un principio pueden resultar atrevidos, pero usando prendas de colores neutros para contrarrestar pueden conseguir un efecto fantástico. Espero que os guste y nos vemos la semana que viene con un nuevo post.

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Feliz fin de semana lindos,

Con amor,

A.

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13 thoughts on “SINCERIDAD

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