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Hace apenas unas horas que he llegado a casa, aun no he deshecho la maleta y una sensación de emoción recorre mi cuerpo en estos momentos. Me pasa siempre que hago un viaje y, la verdad, no hay nada que más me guste que descubrir un nuevo lugar. Me cuesta muy poco desconectar y ya se me había olvidado que aunque tu hayas estado de vacaciones, el resto de mortales siguen con su día a día y todas las cosas que dejaste pendientes antes de irte te están esperando para que te des de frente con ellas a tu regreso. Sé que cuando estéis leyendo estas líneas ya hará un par de semanas que las escribí, pero esa emoción interior y la inquietud que siento me veo obligadas a reflejarlas en estos momentos.

Han sido unos días de esos en los que el reloj se dispara y para cuando eres consciente del día en el que estas, es hora de volver a casa. Comenzamos el viaje con algo de nervios, hacía apenas una semana del terremoto de Italia y las replicas se iban sucediendo a cada minuto.

Durante mi estancia en la ciudad he podido comprobar tres cosas:

  1. En Roma conducen como locos, temía no volver a España entera. Ya fuese por uno de nuestros viajes en taxi en los que las calles de Roma se convertían en un “circuito de rally” literalmente hablando o por ser atropellada en uno de esos pasos de peatones que para ellos resultan invisibles.
  2. A los romanos no les gusta la coca cola sin azúcar, en las máquinas tan solo podías encontrar coca cola normal y en muchos locales tampoco la tenían.
  3. Cuando creía que Toledo era la ciudad con las calles más empedradas, llega Roma y tira el mito por los suelos.

Quitando algún que otro percance y los innumerables kilómetros andados, me quedo con una fantástica experiencia de la que me gustaría destacar las maravillosas vistas desde lo alto en la cúpula de San Pedro, el ambiente y el buen rollo que inunda las calles del barrio del Trastevere (hace que te sientas como en el Malasaña madrileño), los riquísimos helados, la majestuosidad de sus iglesias, la impresionante Fontana di trevi,… y podría seguir así durante muchísmas líneas más. Pero no quiero enrollarme más, porque como me den cuerda me enrollo más que la persianas y no os quiero aburrir.

Así que pónganse cómodos, abróchense los cinturones y no fumen, hemos llegado a Roma y en breves momentos comenzaremos el recorrido en imágenes por la ciudad. Les deseo que disfruten de la estancia y al finalizar y tras unos días de descanso, el próximo viernes les espero de nuevo con su café.

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Hasta la semana que viene preciosos,

Con amor

A.

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