Hay veces que “estar de vacaciones” no implica tener más tiempo libre que cuando la rutina domina nuestros días. Un plan se sucede detrás de otro y cuando eres consciente del día en el que vives, resulta que no te ha dado tiempo a hacer ni la mitad de las cosas que tenías previstas. Tengo la sensación de que la próxima vez que pestañee y abra los ojos los árboles se habrán teñido de marrón y lo de pasar las horas en remojo parecerá un auténtico disparate.

La semana pasada eché de menos tomarme mi café semanal con vosotros, no sabéis como me relaja sentarme frente al ordenador y que el eco de las teclas me ayude a dejar fluir mis pensamientos. Vale, es cierto que a veces ese repiqueteo queda tapado por una música demasiado alta, pero esta también es capaz de tapar esos pensamientos que hacen que las almohadas resulten demasiado incómodas para conciliar el sueño.

Hay textos que aparecen en mi vida por casualidad, a veces con la intención de aclarar mis ideas y en otras muchas ocasiones para provocar una auténtica revolución. Uno de los primeros es este. Me fascina desde que lo leí y comprendí la necesidad de interiorizar el concepto de “amarse de verdad” como pilar de nuestra vida, de nuestras acciones y relaciones con el mundo.  Espero que os guste:

Cuando me amé de verdad, comprendí que en cualquier circunstancia, yo estaba en el lugar correcto y en el momento preciso. Y entonces, pude relajarme. Hoy sé que eso tiene nombre… autoestima.

Cuando me amé de verdad, pude percibir que mi angustia y mi sufrimiento emocional, no son sino señales de que voy contra mis propias verdades. Hoy sé que eso es… autenticidad.

Cuando me amé de verdad, dejé de desear que mi vida fuera diferente, y comencé a ver que todo lo que acontece contribuye a mi crecimiento. Hoy sé que eso se llama… madurez.

Cuando me amé de verdad, comencé a comprender por qué es ofensivo tratar de forzar una situación o a una persona, solo para alcanzar aquello que deseo, aún sabiendo que no es el momento o que la persona (tal vez yo mismo) no está preparada. Hoy sé que el nombre de eso es… respeto.

Cuando me amé de verdad, comencé a librarme de todo lo que no fuese saludable: personas y situaciones, todo y cualquier cosa que me empujara hacia abajo. Al principio, mi razón llamó egoísmo a esa actitud. Hoy sé que se llama… amor hacia uno mismo.

Cuando me amé de verdad, dejé de preocuparme por no tener tiempo libre y desistí de hacer grandes planes, abandoné los mega-proyectos de futuro. Hoy hago lo que encuentro correcto, lo que me gusta, cuando quiero y a mi propio ritmo. Hoy sé, que eso es… simplicidad.

Cuando me amé de verdad, desistí de querer tener siempre la razón y, con eso, erré muchas menos veces. Así descubrí la… humildad.

Cuando me amé de verdad, desistí de quedar reviviendo el pasado y de preocuparme por el futuro. Ahora, me mantengo en el presente, que es donde la vida acontece. Hoy vivo un día a la vez. Y eso se llama… plenitud.

Cuando me amé de verdad, comprendí que mi mente puede atormentarme y decepcionarme. Pero cuando yo la coloco al servicio de mi corazón, es una valiosa aliada. Y esto es… saber vivir!

No debemos tener miedo de cuestionarnos… Hasta los planetas chocan y del caos nacen las estrellas.

Charles Chaplin.

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[vestido: zara; bolso: vintage; sandalias: mango; reloj: Amaya Arzuaga]

Con amor,

A

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One thought on “Cuando me amé de verdad…

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