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Hoy ha sido un día excesivamente caluroso, pero por fin podemos decir que ha entrado el verano y parece que esta vez con la intención de quedarse. Lejos quedan ya los días grises de invierno, donde las noches se confundían con los días y las semanas se sucedían unas tras otras sin distinguirse de las anteriores.

Esta semana da comienzo una nueva etapa para mí y ante los cambios siempre es inevitable sentir miedo. Seguro que os es familiar esa emoción  caracterizada por una intensa sensación desagradable que consigue alterar el estómago y el sueño de hasta el más tranquilo de nosotros. Aparece sin avisar fruto de una percepción  de peligro, real o imaginaria, contra la que nos es imposible luchar.

Aunque nos cueste reconocerlo, todos tenemos miedos. Hay muchas cosas que temer en este mundo, pero nuestros miedos distan mucho de monstruos, arañas y máscaras horripilantes. Los miedos pueden ser tan diferentes y personales como lo somos cada uno de nosotros.

Tener miedo es inevitable, pero la cuestión es qué nos asusta realmente. ¿Quedarnos a medias? ¿Pasarnos? ¿No dar la talla? Nos asusta el qué dirán de nosotros a la vez que, paradójicamente, nos da pánico que no digan nada. Nos aterra dejarnos llevar e ilusionarnos. Nos espanta hablar y ser esclavos de nuestras palabras, al igual que nos asusta el callar para siempre. Incluso nos tortura el hecho de pensar que estamos sanos, por si esta salud no dura. Pavor por envejecer, pero aún más por no poder llegar a hacerlo. Miedo a que nadie entienda qué queremos ser. Nos horroriza llegar a ser felices, por si esta felicidad nos es arrebatada,…

Nuestra mente trabaja a destajo, generando miedos capaces de paralizarnos y hacernos diminutos, transformándonos en una versión ridícula de nosotros mismos. Liberarse de ellos es uno de los deseos más anhelados y, una vez conseguido,  uno de los placeres más gratificantes. No recuerdo bien dónde escuché o leí algo así como que liberarse de un miedo era comparable a quitarse la ropa delante de alguien. Piénsalo bien, al principio cuesta, pero cuando empiezas lo único que tienes que hacer es seguir, sin dudar, hasta que eres consciente de que ese miedo ya no te pertenece, que ha desaparecido,…como esa ropa que dejas de usar.
Después de torturaros un poquito, me despido hasta la semana que viene dejándoos unas fotos de este fin de semana en el palacio de cristal. Para los que lo conozcáis estaréis de acuerdo conmigo en que se trata de uno de los lugares más bonitos y sugerentes del Retiro y aquellos que no hayáis tenido tal placer os invito a dejaos caer por allí.
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[vestido:zara ; sneakers:converse; bolso: blanco]

“Nos envejece más la cobardía que el tiempo, los años solo arrugan la piel pero el miedo arruga el alma”

Facundo Cabral

 

Con amor,

A

 

 

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8 thoughts on “Miedos

  1. Hola bonita! Me ha encantado este post. Como tú bien dices todos tenemos miedo, es normal
    sentirnos así. Lo importante es que no pueda con nosotros, ni nos impida hacer lo que deseamos.
    Te mando mucha fuerza y ánimos! En cuanto al look me gusta mucho, bolso y vestido preciosos.
    Besitos,

    Comparte Ilusión.

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