¿Hago lo que quiero o realmente adapto mis acciones a las aprobaciones de los demás?. Son numerosas las ocasiones en las que hacemos cosas que no queremos, acciones para contentar a los demás, actuaciones con las que poco a poco vamos perdiendo nuestra esencia y dejamos de ser nosotros mismos.

“Incorporar este concepto como una referencia real, es decir, vivir coherentemente con esta idea, no es fácil y sobretodo no es gratis.

Estoy diciendo que si soy un adulto, nadie puede obligarme a hacer lo que no quiero hacer. Lo máximo que puede pasarme, en todo caso, es que el precio sea mi vida (no es que yo minimice ese coste, pero sigo pensando que es diferente creer que no puedo hacerlo, a saber que hacerlo me costaría la vida).

Sin embargo, en lo cotidiano, en el pasar de todos los días, los precios son mucho más bajos. En general, lo único que es necesario es incorporar la capacidad de renunciar a que algunos de los demás me aprueben, me aplaudan, me quieran. El coste, como a mi me gusta llamarlo, es que cuando uno se atreve a decir “no”, empieza a descubrir algunos aspectos desconocidos de sus amigos: la nuca, la espalda y todas esas otras partes que se ven cuando el otro se va).”

Albert Espinosa

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[Blusa: mango (s/s15); pantalón: zara (s/s15); zapatos: mango (s/s14)]

Concluyo con una de las frases de uno de mis filósofos favoritos, nos vemos pronto.

“Ningún precio es demasiado alto por el privilegio de ser uno mismo.”

-Nietzche-

Con amor,

A.

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